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MARIANO IUDICA: “Después de doce años de análisis, aprendí a mirar la vida con otros ojos”

Su agenda estalla. Conduce Laten corazones todas las tardes por Telefe y Volvé a tu casa por Radio con Vos, FM 89.9. Cada minuto libre lo dedica a sus cuatro hijos y su mujer. Proyecto: agrandar la familia.

31/07/2015

Actualidad

Cuando decidí venir a trabajar con Martín Kweller –director creativo y de Operaciones para Latinoamérica y CEO y presidente de Endemol Argentina– estaba con mucha adrenalina, pero él me aconsejó que parara y barajara de nuevo. Y tenía razón. A pesar de la pila de ofertas para hacer tele, lo mejor era hacer stop. Paré un año, salí del aire, bajé las revoluciones de mil a cero, estuve muy bien guiado por Martín y Gustavo Yankelevich y armamos –¡con mucho cariño!– Laten corazones. El año libre fue íntegro para mi familia. Porque lo que más me gusta en esta vida es ser papá de María Valentina (21), María Bernarda (19) Osvaldo (17) y Salvador (8)”, cuenta Mariano Iúdica (45) en su camarín de Endemol, listo para grabar un envío más de Laten corazones.

–¿Qué fue lo mejor de ese año de ocio, después de dejar las huestes de Tinelli?
–Ver la evolución de mis hijos. Empezaron a trabajar, a ponerse de novios, las chicas se fueron a vivir solas, Osvaldo empezó a jugar al fútbol... Todo de golpe.

–¿No lamentaste ese crecimiento? Porque tal vez se alejaban un poco de vos.
–No, al contrario. Pasar mucho tiempo en familia me ayudó a desarrollarme más como padre, a fortalecer la pareja y crecer como persona. Aprendí que parar no es estancarse.

–¿Es difícil convivir con la fama y el éxito?
–Sí. Pero me analizo desde hace doce años. Tomo muy en serio la terapia. La hago con Marta Scriminaci, a quien conocí gracias a Romina (Propato), mi mujer. Fue un gran apoyo en las dos etapas: el ocio y el éxito.

–El éxito es todo un tema, porque tiene dos caras...
–Tengo uno más grande que el trabajo: la felicidad de mi familia, y la certeza de que son muy buena gente. Eso no tiene precio.

–¿Cómo es tu método de terapia para mantenerte en eje?
–Asistencia integral personalizada. A Marta puedo llamarla ahora mismo y me atiende. Es mi psicóloga, pero también mi maestra espiritual.

–¿De qué manera?
–Me enseña a respirar, a mirar la vida con otros ojos. Algo fundamental en un programa como Laten corazones, donde se ponen en juego tantas emociones. Si no estás contenido, podés irte a la banquina...

–¿Qué cosas pueden sacarte del eje?
–Soy muy pasional; eso no puedo controlarlo. Y muy competitivo: siempre quiero ganar. Pero la fortuna me toca con su varita: en la calle me tiran buena onda los chicos, sus padres, sus abuelos. En esos momentos siento que tengo un cheque en blanco y luz verde para seguir jugando.

–¿En tu casa te educaron para ser padre, o aprendiste con la práctica?
–Mis viejos me dieron los mejores ejemplos. Fueron lo mejor que un hijo puede tener. Eduardo, mi padre, era bravo con mis hermanos, pero conmigo se entregó y cambió su manera de ser. Tanto, que me dejó explotar mi veta de artista.

–¿Quería que fueras otra cosa?
–El sabía que yo ingeniero no sería... Aunque estudiaba periodismo y abogacía, me dejaba seguir tocando la guitarra en un grupo de rock. De pronto le tuve miedo a esa libertad y fui a trabajar a un banco. Pero no era feliz.

–¿Qué te gusta compartir con tus hijos?
–¡Cocinar! Sobre todo con Bernarda, que estudia gastronomía. Con los varones, jugar al fútbol e ir a la cancha. Y con Valentina trabajamos en Volvé a tu casa, el programa de radio.

–¿Querés tener más chicos?
–Sí, nos gustaría. Me gustan las familias muy pobladas, como aquella del programa Los Campanelli. En el verano casi pegamos en el palo... pero no pudo ser. Ahora esperamos que El de Arriba disponga. Y si falla, vamos a seguir adoptando.

–¿Es más difícil criar a un hijo del corazón que a uno propio?
–Para nada. No me arrepiento de haber adoptado a Osvaldo. Necesitaba afecto, y desde que está con nosotros, le sobra. Y a nosotros nos hace más felices todavía. Es buen hijo, buen hermano y buen amigo. Me emociona tenerlo entre nosotros.

–¿Sos cuida de tus hijas?
–Pensé que sería mucho más. Prefiero no ser un ogro y conocer a sus novios. Nunca imaginé que estaría con una bailarina, porque soy un tano celoso. Y mirame ahora... Lo único importante es que sean felices. Lo demás es secundario. Después de todo, a mí también, en mi casa paterna, me abrieron la puerta de par en par. Y no se equivocaron.

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