“Vivimos de lo que nos gusta hacer”

Los hermanos Nimo: “Más que exitosos, nos sentimos bendecidos”

Son de Neuquén y cada uno se destaca en su disciplina. María Eugenia, de 30, jugó en Las Leonas y actualmente lo hace en el Club Atlético Monte Hermoso; Juan María, de 29, cosecha victorias como piloto de motocross y automovilismo en silla de ruedas; y Leandro, de 31, se luce como bailarín de ShowMatch junto a Silvina Luna. “Vivimos de lo que nos gusta hacer”, disfrutan.

18/06/2017

Actualidad

Leandro era el que peor se portaba. A él se le ocurrían las travesuras y noso- tros las ejecutábamos”, cuenta María Eugenia. “¿Te acordás cuando tenía la motito y nos llevaba a pasear?”, agrega Juan María. “Volvíamos traumados, porque nos hacía pasar por una casa abandonada y nos decía que ahí vivía Drácula”, explica el menor de los Nimo.

Y sigue: “¿Y cuando hiciste de Dj en la fi esta del colegio?”. “Noooo”, exclama Leandro y se tapa la cara con las manos. Juan vuelve a tomar la palabra y, entre risas, cierra la anécdota: “Subió tanto el volumen que quemó los parlantes y nos quedamos sin música en la mitad de la noche. Desesperados, llamamos a papá para que nos abriera la puerta de casa, así podíamos llevar nuestro equipo, pero como no estaba tuvimos que entrar por la ventana”.

Los Nimo podrían pasarse toda una tarde rememorando historias de su infancia. Aunque conservan en su mirada la picardía de aquellos niños, Leandro (31), María Eugenia (30) y Juan María (29) ya son adultos, y sus vidas han tomado rumbos diferentes. La prueba: no recuerdan cuándo fue la última vez que se vieron. “El día a día de cada uno es intenso y eso nos difi cul- ta la comunicación –explica María Eugenia–. A pesar de eso, mantemos un vínculo fuerte. Hace muchos años que no vivimos en el mismo lugar, pero cuando coincidimos, nos juntamos y nos reímos un rato, como ahora”.

–Leandro con el baile, Eugenia con el hockey y Juan con las carreras. ¿Siempre tuvieron claro a qué querían dedicarse?
Juan: Yo sí. La primera vez que me subí a una moto tenía cuatro años.
Leandro: Yo me recibí de ingeniero electrónico, pero cuando comencé a ejercer no me gustó. En 2006 me vine a Buenos Aires y empecé a estudiar en la Fundación Julio Bocca, donde más adelante me becaron. Un día audicioné para Gerardo Sofovich y dos años después entré al Bailando.
Eugenia: Yo siempre estuve vinculada al depor- te. Probé distintas cosas, hasta que llegué al hoc- key y me quise quedar.
Leandro: Cuando éramos chicos, ella jugaba al fútbol mejor que yo.
Eugenia: ¡Que los dos! (risas).

–¿Podríamos defi nirlos como tres exitosos?
Leandro: Más que exitosos, bendecidos. Vivimos de lo que nos gusta y, de alguna manera, tene- mos la posibilidad de trascender. –¿Qué cosas admiran unos de otros?
Juan: La constancia que cada uno le ha metido a lo suyo.
Leandro: Es lo que nos dejó papá. El siempre nos contaba que cuando era chico se juró a sí mismo que iba a tener una familia numerosa con la que pudiera compartir una gran mesa en Navidad. El siempre supo cuál era su objetivo de vida y, de alguna manera, nos transmitió eso de luchar por nuestros sueños. Por eso, cada vez que algo se nos mete en la cabeza, no paramos hasta alcanzarlo.

UN DURO REVES. Fue en octubre de 2006. Juan María, en aquel entonces de 18 años, peleaba por el título argentino de motocross en su categoría. Mientras realizaba entrenamientos en el circuito de Cañete (Chile), tuvo una fuerte caída que le provocó una parálisis en sus piernas. La primera en enterarse de la noticia fue Eugenia. “Estábamos en casa festejando el Día de la Madre y, la verdad, no pude ponerme emocional: tuve que reaccionar y tomar decisiones”, resume.

Y sigue: “Juan estaba en otro país y tenía que someterse a pasos médicos y quirúrgicos que requerían de tiempo para brindar información certera al resto de la familia. Mientras me ocupaba de todo eso, además tuve que contener a mis padres. Fue un momento de crisis”. Dos semanas después del accidente, Juan María regresó a la Argentina y quedó internado en el Instituto Fleni, hasta marzo de 2007.

–¿Cómo lo acompañaron con la rehabilitación?
Eugenia: De la misma forma que él nos acompañó a nosotros. Quienes lo conocen saben que Juan es un ser de luz.
Leandro: Quisimos estar ahí para él. En 2008 bailé por su sueño en ShowMatch.
Juan: Sí, ésa fue una de mis grandes satisfacciones (mira a su hermano y le brillan los ojos). Leandro llegó hasta la fi nal, así que gracias a él obtuve el dinero para afrontar una rehabilitación más intensiva.

–El 1º de junio, en el marco de la Bienal ALPI 2017, Juan María, junto a otros diez jóvenes, recibió un premio “por su historia de vida de superación”. ¿Qué sienten?
Leandro: Se nos infl a el pecho. Sentimos mucho orgullo.
Eugenia: Coincido. Igual, el Gatito (apodo que usan para referirse a su hermano) nos tiene un poco acostumbrados a este tipo de cosas. Se las gana, se las merece. Tiene la capacidad de hacer evolucionar todo lo que toca o le llega. Nos enor- gullece, pero en el fondo, admitimos que...
Leandro: ...no nos sorprende.

Por Flor Illbele. Fotos: Alejandro Carra y álbum familiar.