Choripán versus caviar

Los Caniggia: “En Europa pagan mejor, pero acá somos más celebrities”

Charlotte y Alex nacieron en Buenos Aires, pero a los 45 días partieron hacia Italia. En 23 años vivieron en diez ciudades del mundo y se acostumbraron al lujo europeo, pero el destino y las oportunidades los devolvieron a nuestro país. Los Cani comparan su vida en Marbella con la de Argentina, se definen como artistas y cuentan sus gustos para el amor. Autos de lujo y presencias en el Interior. Choripán versus caviar.

22/11/2016

Actualidad

Debe ser que nos mostramos naturales”, analiza Charlotte mientras toma de una copa gigante de margarita. “Este trago es bastante top”, acota Alex mientras mira el porrón de cerveza mexicana clavado de punta en el helado de limón. La pregunta es: ¿Cómo analizar el éxito de los hijos de Mariana Nannis y Claudio Paul Caniggia?. La respuesta que se les ocurre es ésa: “Somos espontáneos; no escondemos nada”.

Es cierto: los hermanos Caniggia viven con una naturalidad a prueba de balas. Al mejor estilo Ricardo Fort, Alexander Caniggia se fotografía entre dólares, mostrando sus tatuajes y relojes de oro en las redes sociales. Pero hay una diferencia: “Yo soy de la high”, se define Alex cada vez que puede. Lejos de la crítica, genera miles de “likes” en las redes. “Podríamos usar una buena Ferrari: garpa siempre para las fotos”, propone Charlotte antes de arrancar la producción en la lechería Muu de Puerto Madero. Es que la hija de Mariana Nannis ama los autos de alta gama.

Lo mismo que su hermano que, en sus días en Marbella, aprovecha la flota de carros de luxe del Pájaro Caniggia –uno de los mitos vivientes de la Selección argentina– para pasear por los lugares más top de la Costa del Sol. ¿Sus marcas preferidas? “Depende. Mi papá tiene un montón: Mercedes, Porsche, Hummer, Jaguar...”, enumera el varón de la pareja de mellizos. ¿Gustos más “terrenales”? Claro. Ahora, mientras prueba una malteada, Charlotte baja al llano: “Cada vez tengo más las costumbres de acá: cuando salgo del boliche me clavo un choripán en los carritos de la Costanera. Hasta los europeos hacen eso: no te vas a clavar un champagne o un caviar a las seis de la mañana. Con el paso del tiempo nos sentimos más argentinos”. ¿Cómo le cae el chori a Alexander? “Y... más o menos. Prefiero una hamburguesa. Una empanada capaz, pero no es muy top. Ojo, son gustos. Pero yo siempre viví afuera, soy más europeo, entonces me gustan más las comidas de aquel continente. ¿El asado? Y...”, toma distancia el tatuado. Y así continúa la charla:

 

–¿Hablando de costumbres, cómo sería un fin de semana de la familia Caniggia en Marbella?
Alex: Nos juntamos todos –también mi hermano menor Axel (pintor hiperrealista)–, agarramos el yate y nos vamos a navegar. Podemos ir a Tarifa, una de las playas de arena blanca más lindas de la zona.

–¿Mariana prepara una viandita para almorzar?
A: ¡No, el personal del barco te espera con todo! Vamos de tapas, como se estila allá. Estamos todo el día a bordo, y por la noche cenamos en Puerto Banús, el lugar más top del Mediterráneo.

–En los 90’, su madre fue la precursora de las botineras. Hoy, la más representativa es Wanda Nara. ¿Creen que podría ser la sucesora?
Charlotte: A mí me gusta Wanda, la banco. Ahora, no es parecida a mi vieja: mamá es muy top para compararla. Igual, me cae bárbaro.
A: Mi vieja es más high society, otro nivel.
Ch: Cada una tiene su estilo en la vida. No tengo ningún problema con Wanda: es una diosa mal y la hizo re bien. Pero mi vieja es otra cosa.

–¿Te gustaría casarte con un futbolista, como hizo ella?
Ch: Puede ser, aunque algunos son medio piratas. Yo estuve con Juan Iturbe, que ahora está en la Roma. Nos conocimos pero no se dio, no hubo feeling. Quedamos muy buena onda. Me habla a veces, pero no era para mí.

–¿Y vos, Alex, tenés un estilo preferido de mujer?
A: Ahora estoy soltero, divirtiéndome. Para salir con una tiene que ser muy fina. Me gusta que esté a mi nivel social.

–¿No te ves con alguna de las chicas de la tele o el teatro de revista?
–Vedettes no: me gustan más estilizadas. Más finas. Tampoco conozco a demasiadas en la Argentina, pero tienen que ser de la high.

–Seguramente, la mujer más deseada del país es Pampita. ¿Saldrías con ella?
–No. Es más grande que yo y tiene hijos. No creo que sea mujer para mí. Yo estoy para otra cosa.
–...

EL CLAN CANIGGIA. Charlotte Chantal y Alexander Dimitri, los mellizos Caniggia, nacieron el 15 de febrero de 1993 en Buenos Aires. A los 45 días de vida comenzaron un periplo que los llevó por el mundo, acompañando la carrera futbolística de su padre. Roma. Benfica. Buenos Aires. Bérgamo. Londres (eligieron esa ciudad como alternativa a Escocia). Doha. Otra vez Londres. También vivieron en Miami, aunque por placer. Nueve ciudades y siete países. Por esos lugares pasaron, hasta que se instalaron en la mansión de Marbella donde hoy viven, muy cerca del Estrecho de Gibraltar y el Mediterráneo. Eso explica un poco el raro acento de Alexander y sus excéntricas costumbres.

 

Cuando hacemos un parate en la producción fotográfica, Alex sale a las calles de Puerto Madero y un grupo de chicos lo rodea, le pide selfies y él posa haciendo la V de la victoria, “like a Rolling Stone”. “Siempre al top”, repite, “la gente nos quiere”. Ni hablar de Charlotte, que hoy es el tanque del programa más visto de la televisión nacional. Cada vez que ella aparece, el rating sube. Y, cada vez que fue sentenciada por el jurado de Bailando por un sueño, se volvió imbatible. “A esta altura no te baja nada, Sis (así llama a su hermana, con el diminutivo de sister). Te veo ganadora”, la alienta. “Estoy muy feliz este año. Ya me conformo con llegar a la final”, asegura ella, que consiguió el mejor puntaje en el último ritmo, la zumba. Los fines de semana, los hermanos Caniggia aprovechan su fama y recorren el país haciendo presencias en boliches y eventos. “Nos encanta trabajar en el Interior; la gente es muy copada”, aseguran los chicos de 44DK Representaciones.

El sábado pasado cerraron juntos un desfile en el Chaco. El anterior visitaron Córdoba y Charlotte aprovechó para internarse en la clínica El Diquecito, de La Calera. “Estaba muy mal de la espalda. Con lo que ensayo no necesito gimnasio ni cirugías”, asegura la mediática de 23 años, que cuando no viaja se instala en el Spa Elan, de Puerto Madero: “Ese es uno de mis placeres”.

–¿Después de tanto aeropuerto, qué ponen en el formulario de Migraciones cuando llenan el casillero que dice “Profesión”?
Ch: Yo pongo “Artista”.
Alex: “Public figure”.

–¿A dónde apuntan sus carreras?
Ch: Yo quiero ser grosa en lo mío, hacer una gran carrera y después sí, tener una vida como la de mi madre, disfrutar. Por suerte, tengo trabajo en Europa y acá: estuve en dos realities y, ni bien terminé, me llamaron del Bailando. Allá pagan mejor, pero acá somos más celebrities.
A: Yo apunto a Hollywood. Mi gran referente es Brad Pitt. Ese es mi espejo. Me tengo mucha fe y no me importa lo que digan los demás. Sé que un día voy a llegar.

–¿Te gustaría actuar en la Argentina?
–Sí, claro. Igual, ahora estoy más con la música, grabando, recorriendo estudios. Es lo que hago también en España. ¿Qué tipo de artista soy? Como me ven: ¡de la high!

–En esta visita se los ve más responsables. ¿Se mantienen solos?
A: Sí, pero siempre está la extensión del viejo. “Che, papá... Quiero comprarme esto”. Y él dice: “Bueno, dale”.
Ch: Tenemos unos padres muy generosos; nos ayudan mucho en todo lo que pueden. Siempre contamos con ellos cuando necesitamos un consejo. Por más que vivan lejos, están muy presentes.

–¿Cómo analizan la pareja de sus padres después de más de dos décadas juntos?
Ch: Es mucho tiempo. Cuando elegís a tu pareja pasa a ser tu amigo, tu compañero, no sólo un marido. Yo me imagino formando una familia como la de ellos, y con un marido para toda la vida.
–¿Y vos?
A: Y... hoy las cosas cambiaron. Eso ya no existe: la gente se casa y se separa al mes. Antes era todo diferente. Yo me veo libre, como soy ahora.

–¿Siendo el hijo de Claudio Paul Caniggia, sentiste presión para seguir sus pasos como futbolista?
–Por ahí sí... En ese sentido me sentí presionado, porque todos te comparan, opinan... Y vos tenés que ser el crack que fue él. “Eh... ¡Mirá cómo jugaba tu viejo!”. Lo mismo les pasa a los hijos de Maradona o a los de Batistuta. Es difícil medirse con gente que llegó a tan alto. Y bueno, no se puede todo.

–¿Te gusta el fútbol?
–Sí, sí. Soy hincha del Real Madrid. Marbella queda cerca de la capital y siempre viajo a ver los partidos.

–Tenés más cerca Málaga.
–Sí, pero es más lindo ir a ver al Madrid. ¡Siempre al top!

–Y vos Charlotte, si hubieras seguido los pasos de tu madre...
–Sería ama de casa. Ella se ocupa de que a la familia no le falte nada. Nosotras somos como amigas: vamos a la pelu, viajamos, charlamos mucho... Y me aconseja un montón. Es una madraza.

–¿Se imaginan cómo serían sus vidas si hubieran nacido en una familia de clase media o baja?
Ch: Es difícil. Yo creo en el destino de cada persona. Dios puso a cada uno en un lugar distinto, y a nosotros nos tocó éste. Pero si me pasara la remaría. Hay muchos trabajos divertidos.
A: ¡No, no! No puedo imaginarlo siquiera, porque es algo que no pasó. ¡Imposible! No va a ocurrir nunca. Nosotros siempre en la high: no hay chance de otra cosa.
Ch: ¡Qué cabrón que sos, Chicken (N. de la R: así llama a su hermano)!

–¿Decís que no hay chances de que Mariana se la gaste toda?
A: ¡No chance! Ella es muy inteligente, una gran inversora del dinero que hizo mi padre en su carrera. La gente habla mucho sin saber, pero eso pasa porque no tienen nada que decir.
Ch: Además, papá sigue trabajando. Se dedica a la venta de jugadores de fútbol. No es que se quedó sentado en casa. Y mamá es provocadora: se divertía con esa imagen que daba. Igual, mi hermano es un cabrón.

Por Julián Zocchi. Fotos: Maximiliano Vernazza.

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