"Quiero ayudar a la reconciliación"

Juan Carlos Pallarols convierte balas en rosas por la Paz con Malvinas

El prestigioso orfebre lleva a cano el proyecto Dos Rosas por la Paz, que consistente en acuñar flores a partir de las vainas de los proyectiles y restos de aviones que usaron argentinos e ingleses en la guerra de Malvinas.

27/05/2017

Actualidad

Juan Carlos Pallarols, el prestigioso orfebre,  se embarcó en el proyecto Dos Rosas por la Paz, consistente en acuñar flores a partir de las vainas de los proyectiles y restos de aviones que usaron argentinos e ingleses en la guerra de Malvinas. Sus trabajos serán destinados a las islas y distintos lugares de nuestro país y Gran Bretaña. “Quiero ayudar a la reconciliación”, señala el prolífico artesano.  

Desde 1983, todos los bastones presidenciales que acuñó Juan Carlos Pallarols (74) llevan grabados tres pimpollos de cardo, que simbolizan las islas del Atlántico Sur: Malvinas, Georgias y Sándwich. Pero ahora el gran orfebre fue un paso más allá. Su arte estará en el corazón de ese terruño regado, desde 1833 –cuando la guarnición argentina fue expulsada por los ingleses– y mucho más acá en la guerra de 1982, con la sangre de nuestros soldados.

“convertimos las balas en rosas, como un mensaje de paz”

En su taller de San Telmo, entre martillos, cinceles y el calor de la fragua, sus clásicas rosas –como la de plata que fue posada sobre el féretro de Lady Di– cobran una nueva dimensión. Transitan el camino inverso al que recorren los metales en tiempos de guerra, cuando se transforman en proyectiles y armas. Ahora, dice el artista, “convertimos las balas en rosas, como un mensaje de paz”. Pallarols cuenta la génesis del proyecto bautizado

Dos Rosas por la Paz, que hoy sumó varias flores más: “Empecé a hablar con veteranos y familiares de caídos. Nos juntamos acá, me contaron quiénes eran... El primero, y quien me guió, fue José Martiniano Duarte, que en un encuentro cuerpo a cuerpo mató a un oficial inglés de apellido Hamilton. Me hablaba sin bronca. Me dijo: ‘Los militares no podemos combatir con odio’.

Yo veo que, terminada la batalla, hay respeto y amistad entre ellos. Hace poco vino otro, el Negro Sequeira, que entró en el primer grupo a las islas, con Giacchino. Me contó que recibió un disparo, pero la bala le pegó en un cuchillo Victorinox que llevaba, y se salvó. Marcelo de Santis, que corre maratones en Malvinas, juntó en la turba una gran cantidad de vainas servidas. O Alberto Frontera, que no dejó que los ingleses le arrebataran una bandera argentina.

Conocí muchas historias que me sensibilizaron, y decidí poner manos a la obra”. Y así comenzó a recolectar latón y bronce. Cerca de cuatro mil personas se involucraron. Le llegaron vainas de balas y pequeños objetos que le traían los veteranos y los familiares. Pallarols habla a borbotones: está entusiasmado con su proyecto: “Por ejemplo, una señora vino con una campanita del crucero General Belgrano, porque su hijo la había llevado a arreglar y quedó en su casa cuando se hundió el barco. Pero la mayoría son vainas. Las fundimos, las laminamos y con eso hacemos los pétalos de las rosas”.

–¿Qué hará con esas rosas?

–Una la llevará, probablemente, la viuda de Hamilton al cementerio de Darwin, a las tumbas de los argentinos. Otra irá al de San Carlos, donde están los ingleses, de la mano de la mamá de un soldado argentino. También arrojaremos una en el mar, donde yace el crucero General Belgrano, y otra en Bahía Agradable, lugar de hundimiento de cinco buques británicos. Los veteranos nos pidieron una para el hospital Garrahan. Esa se llevó la semana pasada, y el artista Julián Bernatene hizo un mural. También donamos una rosa para una cena de gala en la embajada inglesa, que se remató a beneficio del hospital Británico. Se vendió muy bien. Con eso se hará una sala de terapia. Con el embajador, Mark Kent, y el subjefe de la delegación, Richard Barlow, trabajamos mucho. Hemos viajado a Londres y estuvimos en Edimburgo. Tengo otra satisfacción: ya hay tres chicas isleñas casadas con argentinos. Esas ya están de nuestro lado. Si conseguimos que se casen 300, ya no podrá haber ninguna guerra más, jaja... En definitiva, yo quiero que el producto de las rosas sirva para consolar a los que están tristes, o para ayudar a los que sufren necesidades, siempre pensando en la reconciliación de argentinos e ingleses.

POR AMOR. Los Pallarols supieron de batallas. El bisabuelo de Juan Carlos peleó en Crimea. De él conserva un diario de guerra. Su familia, de origen catalán, se dividió entre republicanos y franquistas en el conflicto que ensangrentó España entre 1936 y 1939. “Las guerras no sirven para nada”, concluye. El es un hombre de paz. Por eso se embarcó en este proyecto, que hasta tendrá una curiosa ramificación: en la Expo Wine de Burdeos, Francia, la bodega Trapiche llevará un vino denominado Dos Rosas por la Paz.

En su maravilloso taller de San Telmo, la mitad de las rosas que cinceló son de bronce y tienen 82 centímetros de largo. Esto es porque el año de la guerra coincide con el tamaño que, en promedio, tiene un rosal. Y también hay otras rosas, plateadas, que son gigantes. Su idea inicial creció en todos los sentidos... “Querían que hiciera algo con el material de los aviones. Me trajeron algunos pedazos de aeronaves, Vulcan ingleses y A4 argentinos. Los fundí e hicimos rosas de cuatro metros. Una la pondremos en el cenotafio de Plaza San Martín. Pero a la primera la vamos a instalar en González Chaves, a 450 kilómetros de la Capital. Allí hay un fervor muy patriótico por Malvinas.

También haremos una para Ushuaia y otra para Misiones. Y la última viajará a Londres: el embajador se comprometió a encontrar un lugar allí, como homenaje a los caídos”, confía. –¿Por qué lo hace? –Porque está a mi alcance, es mi oficio. Acá estuvo sentada una chica que me contó que buscó a su papá durante catorce años. Lo encontraron en su avión, momificado, en las costas de Malvinas. Yo quiero que, por lo menos, estas rosas le lleven consuelo

Por Hugo Martin. Fotos: Fabián Mattiazzi.

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