“A veces pienso como hombre"

Ivana Nadal no cree en la convivencia, la monogamia ni en la fidelidad

Siempre fresca y desinhibida, la modelo y conductora que se sumó a Arroban por la señal FWTV repasa su carrera y su infancia nómade, cuenta cómo la afectó la difusión de sus fotos íntimas y propone una alternativa para evitar el desgaste en las parejas: “Me gustaría ser madre y formar una familia... pero viviendo en casas separadas”.

12/08/2017

Actualidad

Ivana Nadal (26) creció como una especie de nómade 2.0. Su vida ha sido así, de mudanza en mudanza, correr de un lado para el otro, a veces de manera abrupta. ¿La primera vez? El 20 de agosto de 1990. Ese día abandonó el útero de su mamá con siete meses de gestación. Un comienzo que la marcaría. ¿Qué tanto? Al año y medio de vida se estaba mudando otra vez, ahora porque sus padres decidieron separarse; terminó viviendo con Alejandro, su papá. “Generalmente es al revés, pero papá es peluquero y, de los dos, era el que tenía mejor estabilidad económica”. Pero a los 5 volvió con su mamá, Claudia, por una necesidad de su edad: “Todas mis compañeras del cole vivían con sus madres y yo me sentía distinta. Fuimos al psicólogo y el tipo dijo: ‘La nena tiene que vivir con la mamá’”. ¿Si se quedó allí? Para nada. Cuatro años más tarde, a los 9, regresó a la casa del viejo hasta que cumplió 18. En ese lapso pasó por diez colegios diferentes, repitió segundo año y, cuando llegó a quinto, decidió dejar la escuela. “Estaba trabajando mucho y me quería mudar sola para, finalmente, poder echar raíces en un lugar”, cuenta la morocha que, ocho años después, está cursando el último año de la escuela secundaria. “Cuando termine voy a estudiar Psicología”, sostiene.

–¿Cómo repercutió en tu personalidad ese continuo ir y venir?

–Y... Cuando probé lo que se sentía viviendo sola, me di cuenta de que es incomparable. Tener mi lugar, manejar mis tiempos...

–Pasaste por una convivencia que no anduvo bien. ¿Está relacionado con eso?

–Puede ser. Cuando viví con el Pollo (N. de la R: Se refiere a Joaquín “Pollo” Alvarez) me di cuenta de que no era lo mío. Soy feliz de haber estado a su lado, pero éramos incompatibles. El iba a 800 kilómetros por hora y yo a 20. Soy muy pancha y él es muy eventero: quería estar siempre impecable, con planes todo el día.

–¿Te robaba mucho el espejo?

–Y... él es muy de arreglarse, de combinar la ropa en la cama... Siempre quiso que yo me produjera un poco más, ¡pero nunca lo logró! ¡Ja, ja! Somos muy diferentes.

–¿Qué aprendiste de tus relaciones?

–Después de Joaquín, y los cuatro años que estuve con mi noviecito de siempre, me di cuenta de que no creo en la monogamia. En ese sentido, pienso como un hombre. El ser humano es animal y tiene ese instinto en lo sexual. Es muy difícil ser fiel; no sé si en algún momento voy a creer. Sí quisiera formar una familia... pero no sé.

–¿Te ves como madre soltera?

–No sola... Es muy raro. Me gustaría tener un hijo, y que reciba el ejemplo de una familia tradicional, aunque quizá lo haría de una manera diferente. Sí, tendría que estar metida hasta la cabeza para tener hijos. Pero no creo en la pareja tradicional.

–¿Y cuál es tu propuesta?

–Para mí, las parejas no tienen que dormir juntas.

–¿Camas separadas?

–¡Casas separadas! Que verse sea un plan. “¿Tu hijo qué va a pensar?”, te dicen. Y bueno... Prefiero que los padres se lleven bien en casas separadas, antes de que se agarren de las mechas todos los días. Creo que ésa sería la solución. Te lo digo hoy... capaz que mañana me ves re casada, tipo Susanita.

"Me di cuenta de que no creo en la monogamia. En ese sentido, pienso como un hombre"

–Por lo que decís, tampoco llegó a tu vida el hombre que te saque la cabeza...

–No, no llegó. Eso sí, tuve dos relaciones lindas. La más importante fue la primera, con Hernán, mi noviecito de siempre. Le planteé yo que nos separemos: “Te amo, nos llevamos bien, no nos peleamos nunca, pero tenemos 22 años... ¡Frenemos acá! Necesito que hagas tu vida. Quiero viajar, y que vos viajes con tus amigos sin consultarme”. Hoy nos vemos cuando tenemos ganas.

–Estás muy metida en programas deportivos. ¿Cuánto tiempo pasó desde que llegaste al medio para que te llamara un futbolista?

–¡Un día! Al segundo programa me escribió un jugador, hoy retirado. El problema es que los tipos poderosos, en general te quieren levantar con un WhatsApp... ¡uno solo! Y eso ocurre porque hay chicas que aceptan esas reglas.

La carrera de la morocha que recorrió los cien barrios porteños explotó cuando llegó al prime time con Escape final junto al “Chino” Leandro Leunis. “Que me llamaran para trabajar en Telefe fue cumplir un sueño. Llegó en el momento justo, no es que salté hasta ahí de la nada”, cuenta. Y, cuando rompía el rating con ese programa, se filtraron unas fotos íntimas que reventaron las redes sociales. “Estaba haciendo la previa de un Superclásico sin señal. Cuando me voy de la cancha, me empiezan a llover millones de mensajes, porque se había filtrado mi teléfono. Lloraba en la camioneta del móvil... No quería ni asomarme a la calle”, recuerda.

–¿El destinatario de las fotos era tu primer novio?

–Sí, pero no fue él quien las filtró. Fue alguien que me hackeó, las divulgó y hasta se quiso meter en mi home banking. Tenía todos los datos de mis cuentas, mail, Twitter, banco... En la Argentina hay un vacío legal con ese tema. Nosotros llegamos hasta el IP de donde salió el hackeo y no nos dejaron avanzar.

“Después de la filtración de mis fotos íntimas me llamaron del ‘Bailando’ y dije que no. Quiero ser conductora. No me sirve ser mediática; no habría aportado nada al show”

–Vos coqueteabas en las redes, pero ese día violaron esa libertad de jugar y mostrar hasta donde querías.

–Yo me divertía con eso. Había hecho revistas masculinas sin mostrar nada. Me llamaron de Interviú para ofrecerme un montón de plata para mostrar una lola y les dije que no.

–¿Qué te afectó más de esa situación?

–Que lo viera mi familia y que me perjudicara en mi trabajo. Además, no estaba haciendo nada malo, pero la gente tiene un tabú muy grande con el sexo y se horroriza. Hoy, me cruzan por la calle y ven la foto en mi cara.

–Antes de esto, ¿qué hacías cuando te llegaba un mensaje viral de ese tipo? ¿Tenías el morbo de mirar?

–No, pero no por hacerme la puritana, sino que siempre me puse en el lugar del otro. Cuando estás en ese momento tan íntimo, es algo que pasa ahí y queda en ese lugar. De hecho, yo no tenía las fotos en el carrete: estaban en la fucking nube. Para colmo, ni siquiera eran estéticas... ¡Se podrían haber filtrado unas más lindas!

–¿Después de eso dejaste de filmarte y de hacer fotos íntimas?

–Un poco sí, pero no porque se pueda volver a filtrar, sino porque me deserotizó. Lo más lindo que tenía eso era la complicidad entre dos personas. Que el otro dijera: “¡Guau, mirá esta mina cómo se transforma!”. Ahora el disfrute pasa por algo personal y en vivo. Sola ya no me divierte.

Por Julián Zocchi. Fotos: Fabián Uset.

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