Nos habíamos amado tanto...

Franklin Rawson: “Si alguna vez Mangeri deja la cárcel, capaz que lo estoy esperando a la salida”

El padre de Ángeles Rawson dice que siente cierta paz después de que la Cámara de Casación Penal le ratificara la condena a prisión perpetua al portero Jorge Mangeri por el femicidio de su hija de 15 años, ocurrido en junio de 2013. Pero reconoce que el dolor es incesante y no descarta encontrarse con él cara a cara.

12/08/2017

Actualidad

El dolor se enquistó en su rostro, su corazón y su alma para siempre. Desde ese fatídico 10 de junio de 2013, cuando el portero Jorge Mangeri (49) asesinó a su hija, Angeles, de tan sólo 15 años –así lo determinó la Justicia en doble instancia–, Franklin Rawson (50) intenta vivir en paz. Dice que por momentos logra mayor tranquilidad en su día a día. Pero también confiesa que sufre tormentos cuando rememora ciertas y determinadas circunstancias, como por ejemplo que Mangeri, después de haberla sofocado hasta la muerte, la haya arrojado en un contenedor de basura. El encargado fue condenado a prisión perpetua en julio de 2015 por “Femicidio en concurso ideal con los delitos de abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y homicidio agravado por su comisión criminis causae”. Hace muy poco, el 7 de junio pasado, la Cámara de Casación porteña rechazó el recurso interpuesto por Adrián Tenca, su abogado defensor, y ratificó la sentencia. “Cuando vi el cuerpo de mi hija en la basura se me deshizo la vida”, le confió a GENTE hace casi dos años, en una de las pocas entrevistas que dio. Hoy, sentado en una mesa del mismo bar, ratifica aquellos dichos. “Fue demasiado cruel, es imperdonable, duele mucho”, expresa, y agrega: “Casación dejó en firme por unanimidad el fallo del Tribunal número 9, que lo condenaba por femicidio. Existiendo dos instancias condenatorias, me parece muy poco probable que pueda revertirlo”.

–¿Qué sintió cuando se enteró?

–Alivio. Apenas salió el fallo, el doctor Pablo Lanusse nos lo comunicó a mí y a la mamá. Fue una gran noticia; sentimos cierta calma. No sé si puedo hablar de cerrar una etapa, pero dimos un paso para estar más tranquilos. Esto no nos va a devolver a Angeles. No es que ahora estamos empatados. Pero dentro de lo que uno puede esperar de la Justicia terrenal o humana, es lo máximo que podemos lograr. Nos da respiro y cierta paz para poder seguir adelante. El dolor lo vamos a seguir llevando siempre, hasta el último día.

–¿Se siente en el cuerpo, no?

–Totalmente. Hay muchísimos casos en que además del dolor de la pérdida, siguen sufriendo el de la injusticia. Eso es tremendo. Por eso me sumé a una ONG que se llama Usina de Justicia, que no es solamente una asociación de víctimas. Hay también abogados, ex jueces y psicólogos. Tratamos, en la medida que uno puede, dar contención o un asesoramiento mínimo. Una de las cosas por las que peleamos es que se le facilite un abogado gratuito también a la víctima, que en estos casos está desamparada, igual que su familia. Hoy existe una asimetría enorme entre víctima y victimario.

–En una entrevista muy completa que le dio al periodista Luis Gasulla desde la cárcel, Mangeri sigue proclamándose inocente.

–No me sorprende. Sigue peleando por eso. Creo que estaba por salir este fallo de Casación y entonces habrá pensado: “Trato de presionar un poco a través de los medios”. La realidad es que todo lo que dice es insostenible. En el propio juicio dijo que había mentido en la etapa de instrucción. Yo digo: si una persona es inocente, ¿por qué mentiría? Esa es una de las tantas incongruencias de todos sus relatos: un día se cayó de la escalera, otro se lastimó arreglando el auto, otro lo quemó la Policía... No cierra nada. Pero el ADN fue el moño de la causa: contra eso no va a poder mentir. Está muy claro cuando uno ve las fotos de su cuerpo y aparecen todos los arañazos de Angeles. Arriba de esos arañazos se provocó quemaduras. Sobre cada rayón, una ampolla: una vergüenza. Creemos que el primo policía de su mujer, Cecilio Saettone, lo ayudó a hacerse esas cosas. Está procesado por eso. Podría ser condenado por encubrimiento agravado, falso testimonio e ir preso. 

–¿Cómo está su familia, en especial los hermanos de Angeles?

–Con mucha entereza y fuerza. Los dos estudiando y trabajando, con altibajos. Juan Cruz era muy compinche de ella. Cuando se cumplieron cuatro años, el 10 de junio pasado, la Legislatura descubrió una placa en la Plaza del Jacarandá, donde ella jugaba, en Santa Fe y Carranza. Ahí habló Juan Cruz, que dijo que además de una hermana había perdido una amiga. Jerónimo también la amaba. Compartían muchas cosas, gustos, actividades, eran muy compañeros. Las dos familias siempre estuvimos muy presentes. Mi esposa también supo contenerme, igual que a mis hijos. Yo digo que es de fierro.

–¿Pudo ir al cementerio? En la entrevista anterior me comentó que hasta ese momento no lo había podido hacer...

–No sé si no puedo; es que no me nace. Prefiero comprar un ramo de flores y ponerlo en la habitación de ella con sus cosas, en lugar de llevarlo a su tumba. Siento como que no está ahí, como que no aportaría nada que vaya. Sus cosas siguen estando en su cuarto... Me gusta entrar. Me hace bien ver fotos y recuerdos.

--¿Alguna vez pensó qué haría si con el correr del tiempo se cruzara con Mangeri?

–Eso podría pasar dentro de unos cuantos años. Uno siempre piensa que pueden reducirle la pena. La verdad, me planteo esa posibilidad... y prefiero no engancharme. Sinceramente, no sé cómo reaccionaría. Le mentiría si le dijera: “No, no pienso en eso... No, ya está”. Sí, me pasa por la cabeza, es inevitable. Teóricamente, con esta doble instancia no puede pedir salidas transitorias ni beneficios hasta dentro de veinte o treinta años. Entonces veré... Capaz que yo no llego, o no llega él. O llegamos los dos y lo estoy esperando a la salida... Qué sé yo. Por ahora no me voy a preocupar, ya que la Justicia va respondiendo muy bien.

–¿Cómo canaliza tanto dolor?

–Refugiándome en el amor de la familia. También asisto a una mesa de familiares de víctimas de femicidios, organizada por el Consejo Nacional de las Mujeres, que tiene una página en Facebook. Nos ayudamos entre todos. El objetivo es que no haya más víctimas, porque duele demasiado.

Por Miguel Braillard. Fotos: Alejandro Carra y álbum personal.