De Lavalle al mundo

Fede Cuevas, de doble de riesgo a dirigir a Gérard Depardieu

A los 48 debuta como director en Sólo se vive una vez, que estrenará el jueves 15 de junio con el francés, Peter Lanzani, Eugenia “China” Suárez y Luis Brandoni. Doble de riesgo y encargado de efectos en set desde fines de los Ochenta, aquí la historia de un “duro” con “ADN de entretenimiento” en la sangre.

17/06/2017

Actualidad

Ysí... y lo admito sin dudar: de tener que incluirme en una lista relacionada al cine, poneme entre los ‘duros’”, plantea Carlos Federico Cueva Zabalza (48, porteño) ensayando, vaya paradoja, una sonrisa. “Pese a que consumo toda clase de películas, incluso rusas, lo mío es la acción. Un género que saltó de la Clase B encabezada por Charles Bronson, a la A, de la mano de joyas como Arma mortal (1987), Duro de matar (88), Ronin (98), el fi lme que me hubiese gustado hacer, El transportador (2002) y Búsqueda implacable (08). Adoro a (Steven) Spielberg –lo que toca brilla–, pero realizadores como Mel Gibson –un puto genio–, los John, McTiernan y Frankenheimer, Luc Besson y Clint Eastwood me caen taaaaaan en gracia. Quizá porque también pertenecen a ese grupo de duros. Y no somos pocos. ¿Sabés qué me dijo de entrada Gérard Depardieu cuando llegó al set para sumarse a mi primera película como director?

–Las referencias respecto al humor del francés y su introducción nos obligan a consultarle si lo insultó.

–No tanto. Apenas me aclaró: “Odio a los actores, en especial los americanos. Yo no soy un actor... ¿Dónde comenzamos?”.

–¿Qué le contestó usted?

–Me reí, y a continuación le expliqué dónde arrancábamos. En serio, me siento a gusto con los duros. Hace tres horas y veinte que aterrizó en Ezeiza para exhibir en su país la concreción de “un sueño que tengo desde mi niñez... De pibe iba al cine solo o con un amigo (Andrés, hoy en Suecia), y fl asheábamos con el par de Star Wars iniciales (Una nueva esperanza y El Imperio contraataca), Superman y Superman II, interpretadas por Christopher Reeve, etcétera. No obstante, cuando a los 13 años salí del Lido, de avenida Cabildo casi Congreso, después de ver Los cazadores del arca perdida, me planteé convencido: ‘¡Yo quiero hacer esto, se llame como se llame!’”.

Entonces el hijo de María Esther y Fernando, y hermano de Mariano y María Fernanda, que de chiquito había residido en General Roca, Río Negro, y en su juventud saltó de Núñez a Saavedra y de Saavedra a Belgrano, empezó a diseñar tal anhelo: recibido de bachiller, a los 16 entró al Taller de Cine Contemporáneo, de Vicente López. También ingresó –si bien no fue– al Instituto Nacional de Educación Física, y a continuación cursó tres años de Biología y otros tantos en la Universidad del Cine, de San Telmo. “Me encantaban los deportes de riesgo –memora–. Adoraba escalar, bucear, el paracaidismo... Actividades que recién pude ejercer desde los 18, cuando mi padre me fi rmó las autorizaciones correspondientes”.

El combo pasión por el séptimo arte-actividades peligrosas lo llevó con 19 años a algunos programas deTato Bores y Hugo Moser, a Peor es nada, con Jorge Guinzburg, y a una aparición en Contacto visual (el ciclo de Dardo Ferrari), que llamó la atención de Suar. “Adrián me llamó para Poliladron y nunca paré. Incluso continué en Pol-ka hasta hace cuatro años, cuando me mudé al barrio de Vallecas, en Madrid”, detalla.

–¿“Nunca”? ¿Entonces se queda corto IMDb (la Biblia del cine vía web) con los créditos que le asigna: 33 efectos especiales, 49 escenas de acción?

–Supero las doscientas intervenciones en televisión, cine y publicidades. Incluso me nominaron seis veces a los Taurus World Stunt Awards, los Oscar de dobles de riesgo, que se entregan cada doce meses en Los Angeles... Un poco cortito se queda Internet Movie Database.

–Aunque no en el ítem Dirección: 1. Sólo se vive una vez signifi ca su debut al frente de un largometraje tras descubrir fascinado en 1981 aquellas peripecias iniciales de Indiana Jones. ¿Verdad?

–Cierto. La oportunidad llegó transitadas tres décadas de andar pasito a pasito. Luego de que Axel Kuschevatzky acercara el proyecto original, me convocaron María Luisa Gutiérrez y Santiago Segura, en nombre de Bowfi nger International Pictures. A ellos se sumó MyS Producción, de la Argentina. Me dieron todas las posibilidades. Trabajé comodísimo. Así que el resultado dependerá de mí. Un lindo desafío que me llevó dos meses de preparación y otros tantos de rodaje: lo normal para un fi lme nacional. En mi caso, durmiendo tres horas y media diarias.

–No se tratará, calculamos, de un drama pesado, tedioso y lento.

–Para nada (carcajada). Es una comedia de aventuras cargada de ritmo y adrenalina. Calculá que cualquier película local suma alrededor de 600/700 cortes. Las de los Estados Unidos arrancan en 1.600. Esta, en sus 94 minutos, superó los 1.800 y los 450 planos con efectos. Yo persigo lo que pregona el gran Eastwood: “El cine debe emocionar”. Tengo ADN de entretenimiento.

–¿Mudará el sueño ahora a Hollywood?

–Estoy mayor para Hollywood. Ahora prefi ero soñar con seguir dirigiendo.

–Perfecto, ¿y si mañana le falta o se lesiona el doble de riesgo contratado y escasea el tiempo?

–¿Preguntás si dejaría la silla de mandamás y lo reemplazaría?

–Exacto.

–Aunque el cirujano me alertó sobre lo jodidas que vienen mis cervicales y me prohibió seguir volcando coches, volvería a calzarme el chaleco... Te advertí que me pusieras entre los duros.

Por Leonardo Ibáñez. Fotos: Alejandro Carra y álbum personal de F.C.

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Peter Lanzani

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