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Eva de Dominici: “Me gusta que me guíen, tanto en el set como en mis relaciones”

La actriz de Multitalent Agency, de novia con Joaquín Furriel, celebra –aunque también relativiza– su protagónico en el unitario La fragilidad de los cuerpos. “Es un pasito en mi carrera”, asegura. Sus orígenes en Villa Fiorito, sus recuerdos en el debut infantil junto a Cris Morena, la diferencia de edad con el actor, y su vulnerabilidad.

13/06/2017

Actualidad

Eva no sonríe porque sí. Va y viene entre cambios de vestuario. A sus 22 años, cumple horarios sin quejarse. Pide repetir las fotos una y otra vez. Sabe lo que es traba- jar. Creció en la escuela de Cris Morena y estudió actuación en el Teatro General San Martín. “No vengo de una familia de artistas, ni culta, ni creativa. Nunca hubo un cuadro colgado en mi casa... El teatro me mostró un mundo nuevo. La primera vez me hablaron de ‘expresión corporal’ en una clase de actuación: no podía creerlo”, revela Eva de Dominici (o Eva Ca- rolina Quattrocci, según fi gura en su DNI).

“Jamás me gustó cómo sonaba. Por eso, hace algunos años opté por el apellido de mi mamá. Así que tengo un nombre en mi documento y otro artístico”, apunta la actriz, nacida y criada en el Conurbano bonaerense, hija de padres separados –Patricia y Fabio– y hermana mayor de María Candela. “No importa de dónde vengo. Importa lo que llevo adentro”, apunta Eva, actriz de Multitalent Agency, determinada y decidida a ser quien es. Hoy, la también novia de Joaquín Furriel (42, padre de Eloísa, de 9) pro- tagoniza La fragilidad de los cuerpos, unitario basado en la novela de Sergio Olguín, que fi lmó el año pasado y eltrece emite los miércoles a las 22.30, y en TNT, para toda Latinamérica, los jueves a las 22.

–Venís de una familia que tuvo que remarla...
–Sí. Mi abuela era re-humilde. Vino de Córdoba a Zona Sur. El barrio se inundaba. Eran muy pobres en serio. Mi mamá estudió Odontología y pudo salir adelante. Le empezó a ir muy bien y yo nací con otras oportunidades. Pero me crié entre Villa Fiorito y Lanús. Soy una chica de barrio, no una porteña... ¡para nada!

–¿Te quedan afectos en el barrio?
–Amigas no... Cada tanto vuelvo a visitar a mis abuelos. Hoy hablo desde un lugar privilegiado. Pero sé que hay gente que no tiene para comer. Lo he visto. Mi familia me enseñó qué es lo importante.

–¿Es cierto que te fuiste a vivir sola pero volviste por que extrañabas?
–Hice el intento cuando tenía 19 años... No me funcionó. Ya lo acepté. Paso de la familia a la pareja. Es decir, de una familia a otra... Claro que me gusta estar en casa y que cada uno esté en la suya: yo leyendo y mi novio haciendo otra cosa. Pero no me gusta vivir sola. Creo que me siento bien con la estabilidad porque tengo una
profesión muy inestable.

–¿Y ahora convivís con Joaquín?
–Bueno... (piensa y concede) Sí... Vivimos juntos.

ABANDERADA Y DESPREJUICIADA. Eva tenía diez años cuando quedó en un casting de Cris Morena Group. Después de dos meses de taller, entró a Chiquititas (versión 2006). ¿Lo siguiente? Una tira por año hasta la fecha. Patito Feo, Consentidos, Cuando tocan la campana y Dance –su última infantojuvenil–. Siguió con Dulce amor, Somos familia, Camino al amor, Viudas e hijos del rock and roll y Los ricos no piden permiso. Recién paró este año. Cuenta entre sus amigos del medio a “Lau Esquivel, Nai Awada, Sol Estevanez, Juli Cardinali y Rico Riedel (de Nickelodeon)”.

–¿Cuándo supiste que querías ser actriz?
–Anhelaba estar en Chiquititas. No sé qué quería ser, como les pasa a muchas chicas... ¡Nada original! Yo iba a ver Chiquititas al teatro. Me compraba el disco y la vincha, pero no me conformaba con eso. Deseaba estar arriba del escenario y mis viejos me contestaban que no tenían contactos. Pero yo insistía y terminaban llevándome a los castings. Hasta que quedé en el de Cris.

–¿Terminaste el colegio?
–Era abanderada, ¡imaginate! Hice las dos cosas. Muchos chicos dejan la carrera porque no es fácil ir al colegio y actuar. Es más: empecé a estudiar actuación a los ocho años, en el Teatro San Martín. La profesora, Gabriela de Rosa, le dijo a mi mamá: “Esta chica tiene que seguir con comedia musical. Nunca vi a alguien con tanto entusiasmo”. Además, tomé clases de baile y canto. La formación es clave. Puede ser muy frustrante ir a un casting sin estar preparado. Si bien hay algo innato, los estudios te dan las herramientas. Si tenés técnica, surfeás la ola. Yo me sigo formando.

–¿Por qué decidiste parar este año?
–Porque... Me ofrecieron dos tiras. No te voy a mentir: me costó decir que no. Dudé. Pero sentía que tenía que parar. Desde que empecé, no hubo un solo año en el que no haya hecho una tira. Además de películas. Quería permitirme un tiempo para mí y pensar cómo seguir de ahora en adelante, salir de la comodidad. No estoy diciendo que me retiro de la tira diaria. Sólo que este año no estaba preparada para comprometerme tanto tiempo.

–¿Te apoyás en Joaquín para tomar una decisión así?
–No. Las decisiones las toma cada uno por su lado. Obvio que hablamos... Pero yo nunca lo convencí de nada, ni él a mí. Los dos tenemos personalidad fuerte.

–¿Cómo es en la pareja?
–(Piensa) Es... Eh... Nos acompañamos mucho. Es mutuo. Me gusta mucho como hombre. También su manera de pensar. Tenemos muchas cosas en común. Y otras no tanto, pero las respetamos.

–Entre esas “no tanto”, que te lleva veinte años...
–(Interrumpe) Sí, pero... No tengo ningún prejuicio con eso. Hay personas a las que les va a gustar y otras a las que no. Lo entiendo.

–¿Nunca sentiste la diferencia de edad?
–Bueno... Hay cuestiones en las que se nota la experiencia, por supuesto. El tiene más camino recorrido. Entre nosotros, eso nunca hizo ruido.

–Vos parecés de más de 22 años. ¿Será porque trabajás desde chica?
–Por supuesto. Sé lo que es llegar a horario, tener que irme a dormir temprano y aprenderme la letra. Siempre fui muy responsable. Nunca disfruté las piyamadas con amigas. Fui muy trabajadora y poco amiguera. Me encapriché con la actuación y lo logré. Lo hice sola, aunque mis papás me apoyaron.

EVA, LA MUJER. En La fragilidad de los cuerpos, Eva es Verónica Rosenthal, aguerrida periodista que investiga el suicidio de un maquinista ferroviario. Protagoniza un unitario en clave policial, que es bisagra en su trayectoria. Aunque ella no lo vea así y lo relativice. “Cada uno de mis personajes es un pasito en mi carrera. A todos les doy la misma importancia. Siempre le metí garra. Sé lo que es tener que gustar en el casting. Aunque no soy tonta y sé que protagonizar te da exposición. Y me alegra que Suar haya pensado en mí para dar este salto”, reflexiona Eva.

–Entonces, ¿qué significa para vos ser Verónica Rosenthal? Recibiste muy buenas críticas por tu interpretación.
–Es ponerme en la piel de un personaje icónico de Sergio Olguín. Una mujer madura, muy profesional y apasionada, pero humana y que comete errores. Es pedante y autoritaria. No le gusta que le digan lo que tiene que hacer. No es la típica heroína sumisa. Se sumerge en una investigación oscura... e incluso ella lo es. No se lleva bien con su familia. Interpretarla fue meterme en un mundo duro: la explotación infantil. Me mandaron el guión y me llamó la atención el título. Lo leí y me dolió. Pasé meses volviendo a casa muy cargada. Veo la serie y se me pone la piel de gallina.

–¿Hay algo en lo que te sientas identificada con Verónica?
–Eh... (piensa) En el fervor para emprender los proyectos. Soy de llevar adelante mi tren. No me agrada que me digan lo que tengo que hacer. Sí me gusta ser dirigida en el set. Y es más, en mis relaciones me place que me guíen. Pero no quiero sonar machista...

–¿Te gusta complacer?
–Sí, también. Cuido mucho ese costado mío. No me siento una súper mujer ni una mina que controla.

–¿Te dejás cuidar?
–Sí, por supuesto. Soy muy frágil. Tengo un costado muy vulnerable, que hace un tiempo dejé de esconder.

–En suma, como mujer sos...
–Terrenal y pasional. Tengo defectos, como los celos, por ejemplo. Aprendí a disfrutar, en todos los aspectos. Hoy sé compartir y despojarme de mi ego. Cuido a los que están a mi alrededor. No me gustaría encontrarme sola porque el ego no me permite ver más allá de mi trabajo. Voy para adelante y marco territorio, como buena taurina. Yo tuve una sola meta en mi vida: entrar a Chiquititas. Después de eso, nunca más. Ni traba- jar con tal director, ni encarnar tal o cual persona- je. Hice cine, televisión y me falta teatro de texto... Disfruto del camino.

–¿Te preocupa el dinero?
–No, porque empecé de chiquita, cuando no me importaba y era un juego. No tenía que mantener a mi familia.

–Si tuvieras hijos, ¿te gustaría que trabajaran desde chiquitos, como vos?
–(Piensa) No los metería... Ni los expondría. No querría que les saquen fotos. No me gustaría que tengan esa carga. Si ellos desearan hacerlo, bienvenido sea. No se los prohibiría. Como fue mi caso...

–¿Planeás ser mamá en el corto plazo?
–No, por ahora no. Pero creo en la familia, por sobre todo.

Por Ana van Gelderen. Fotos: Christian Beliera y prensa Artear.

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