“Me quiero convertir en la heroína de mi hija”

Emilia Attias: a dos meses de haber dado a luz a Gina, comparte su intimidad

En estado de plena felicidad, a dos meses de haber dado a luz a Gina –su primera hija, junto al Turco Naim–, la actriz de Multitalent comparte su intimidad. “Haberla traído al mundo es lo más trascendente que voy a vivir como mujer”, afirma quien se animó a experimentar un parto natural, sin asistencia de medicamentos, justo como lo había soñado.

03/01/2017

Actualidad

Gina tiene los ojos de Emilia Attias. Y, según afirma mamá, su misma energía. Un torbellino que contagia, encandila y arrastra, con la fuerza de su ternura a flor de piel. La simbiosis es perfecta: madre e hija conectadas por un amor que a Emi (29) le cuesta definir. “Es mucho, mucho más fuerte de lo que te podés imaginar. Uno tiene expectativas de diversa índole: ¿Cómo será conocer ese lugar soñado? ¿Y mi primer novio? Un día lo cumplís y, bueno, es más o menos como lo esperabas... Pero ser madre no. Eso sí lo supera todo. Es una emoción constante. En definitiva, el amor más fuerte que vas a experimentar en tu vida”, se emociona Attias, como lo hará durante el resto de la entrevista.

“Con GENTE hice mi primera tapa, hace más de diez años. ¡Era muy chiquita! Y ahora hacer ésta, con mi hija, por primera vez juntas, es movilizador”, recuerda, mientras Gina –movediza y pedigüeña, ya más robusta que los 3,013 kilos que pesó al nacer el 28 de octubre– se recuesta en su pecho. Por ahí cerca, además, se divierten los tres perros de la actriz: Rita, Nina y Ramón. El que falta con aviso es Naim Sibara, el querido Turco, quien a los 50 también fue padre por primera vez. Está trabajando, ocupado en el bar que tienen juntos, Poe, ubicado en Tres de Febrero al 2700, Núñez. Su único deseo es llegar pronto a casa para mimar a Gina hasta dejarla dormida.

–Emilia, ¿cómo viviste estos dos primeros meses de maternidad?
–Todos te dicen que los cuarenta días iniciales –el puerperio– son complicados. Es un período muy especial, porque tenés que recuperarte del tremendo esfuerzo físico que hiciste en el parto. Pero el cansancio no te importa nada, porque conociste al amor de tu vida. Darle el pecho, piel con piel, mimarla y recibir sus primeras miradas... Todo eso es muy fuerte.

–No recibiste a mucha gente al principio.
–No. Les dije a todos que nos dieran unos días, un par de semanas, para acomodarnos y acostumbrarnos a sus pedidos. Me quise meter en su mundito, para estar exclusivamente con ella. Y es hermoso.

–Estás entusiasmadísima.
–¡Ufff... se me derrite el corazón!

 

–¿Ya tenías ganas de ser mamá?
–Sí, muchas. Pero es una decisión tan importante que no me animaba a tomarla. Esperaba, de algún modo, que la vida me hiciera mamá. Obvio que ya lo habíamos hablado con el Turco. Hacía un tiempo que nos habíamos dejado de cuidar. Y se hizo esperar, eh... El tema es que el trabajo muchas veces te lleva la vida por delante. Y pensás: “¿Cómo voy a tener un hijo ahora, en este momento tan activo?”. Pero todo se acomoda. Después, entendés que te sobra energía para bancártela.

–Era una preocupación innecesaria.
–¡Totalmente! Antes de ser madre, la vida es como un juego. No tiene, ni por asomo, el sentido que cobra después.

“Con GENTE hice mi primera tapa, hace más de diez años. ¡Era muy chiquita! Y ahora hacer ésta, con mi hija, por primera vez juntas, es movilizador”

–En los días previos se habló mucho de tu decisión de “parir naturalmente, como cualquier hembra”, según tu expresión.
–Je, sí. Viví tres días de trabajo de preparto, todo muy intenso, con contracciones cada cinco minutos... Llegué muy cansada, sin dormir. Y en el momento del parto no recibí ninguna intervención de medicamentos, aunque sí de homeopatía.

–Como vos querías.
–Sí, tuve esa suerte. Porque estás en manos del destino y de lo que se te presente... Si había que recurrir a medicamentos por alguna cuestión, no iba a resistirme. Eso estaba muy claro. Pero quería vivirlo así, como fue. La experiencia resultó muy mágica, por más doloroso que haya sido. En las últimas dos horas entrás en una vorágine, “en una ola de dolor”, como me decía la partera. Viví cada momento y por eso te lo cuento con tanto detalle... Ojo: al comienzo del embarazo empecé a atenderme de manera tradicional y fueron surgiendo diferencias de criterio. “¿Y si no quiero que me intervengan tanto?”, pensaba. Y opté por esta manera.

–Y ese momento final, cuando estás por dar a luz...
–Es como un trance: nace ella, y nazco yo como madre.

–Es decir que para vos también fue un nacimiento.
–Claro. Una vez que sale al mundo, sentís que estás para ella. Y me siento muy afortunada de que haya llegado sanita, sin problemas.

–¿Cómo lo viviste con el Turco?
–Y... es un acontecimiento tan grande que te une o te separa. El siempre fue un compañero espectacular, muy atento conmigo y con Gina. Se involucró mucho en el parto, me contuvo un montón. Hubo un momento muy especial: dos horas antes de dar a luz, el obstetra nos dejó solos en la sala. Ahí me habló al oído. Me dijo cosas muy lindas y emotivas, me ayudó a relajarme... Lo único que escuchaba era su voz.

 

–Linda historia la de ustedes.
–Sí. Van a ser doce años juntos.

–¿Te imaginabas, tanto tiempo atrás, que terminaría siendo el padre de tu hija?
–Y... una va caminando la vida, y en un momento sí, supe que iba a ser mi gran amor.

–¿Cómo es en su rol de papá?
–La cosa más graciosa del mundo. Porque es tan grandote, tan rústico... Lo veo totalmente cambiado. ¡La trata con un cuidado...! Cuando habla con Gina le cambia la voz. La quiere bañar, cambiarle los pañales, le da la mamadera... Es un padre muy presente, delicado, un tierno total. Me mata de amor su ternura. Y a los demás, de risa... Los primeros días, cuando Gina lloraba, ¡él también se ponía a llorar! Ja ja. Ahora se está acostumbrando más.

–¿Cómo surgió el nombre?
–Hubo debate, pero se le ocurrió a él. Yo había pensa-do en otros: Margot, Grecia, Lisa... Un día llegó y me dijo: “¡Ya lo tengo! ¡Es Gina!”. Y me encantó. Es muy musical, personal. No dudamos más.

–¿Y cómo influyó en la vida de pareja?
–Mirá: en estos dos primeros meses, la energía va un poco para otro lado. La ternura, sobre todo. Hay noches que ella duerme en su cunita, pero otras en las que lo hace al lado nuestro. La intimidad de la pareja está, eso seguro, pero hoy transita por otro momento. Lo bueno es que a los dos nos pasa lo mismo. Estamos en sinergia.

–Ese es uno de sus secretos, me parece.
–Es natural lo que nos pasa. El amor es como un cristal: puede durar para siempre o romperse en un instante. Tenemos la suerte de ser muy sinérgicos. Hubo peleas, sí, pero nunca nada grave. Cada piedrita que hubo que saltar se la saltó conversando y con la tolerancia que te da el amor.

–¿Cómo es Gina?
–Tiene una personalidad que no le entra en el cuerpo. El alma se le sale por los ojos. Se mueve, sonríe, le sobra fuerza. ¡Y esa mirada...! Una luz tremenda.

–¿Qué es lo primero que aprendiste a la hora de ser mamá?
–No hacer caso a todo lo que te dicen, ja. Es tan instintiva la maternidad... Mi único consejo es no ponerse nerviosa jamás, porque se lo transmitís a tu hijo.

–¿Cómo sigue tu carrera?
–Ahora me siento bien, súper activa. Además, volví a trabajar con Willy y Paul (García Navarro) en la agencia Multitalent, la misma con la que arranqué mi trayectoria. Es como regresar a casa. Me siento muy feliz. Tengo ganas de trabajar, viajar y mirar el mundo juntas.

–La última, Emi. Completame la frase: “Ser madre es...”
–... lo más trascendente que voy a vivir como mujer. No hay otro rol más importante. Te convertís en la heroína o la villana de tu hija, y yo quiero ser lo primero. ¡Me desmenuzaría en pedazos para ayudarla en lo que fuera! Ninguna heroína que interpreté en la ficción se asemeja a la que puedo ser como mamá.

Por Eduardo Bejuk. Fotos: Fabián Uset.

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