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El reencuentro de Carmen Barbieri y Santiago Bal

Por primera vez después de su tremenda separación hace cinco años, Carmen Barbieri y Santiago Bal –reunidos por su hijo Federico– hablaron cara a cara ante un grabador. Ella, mirándolo a los ojos, juró que volvería a buscar las pruebas de su infidelidad en su computadora, que como pareja “se terminó” y que, aunque fue “el hombre de su vida, no fue su gran amor”. El respondió: “Te pedí perdón, porque me sentí culpable”.

18/10/2016

Actualidad

Parecen un matrimonio como tantos, que charla y toma mate con su hijo. La madre bromea cuando el chico –Federico Bal– la piropea. “Bueno, por lo menos no sólo a Flor de la V le decís que está bella”, le dice, rápida. Los tres ríen, pero hasta poco tiempo atrás, entre Carmen Barbieri (61) y Santiago Bal (80) había una guerra declarada. Excepto amor, afecto, cariño y respeto, pasó de todo. Una supuesta infidelidad de Bal con la bailarina Ayelén Paleo causó la ruptura. Pero en esta tarde del sábado 15 de octubre, la paz reinó entre ellos. Después de cinco años, los tres están juntos por primera vez ante un grabador, aunque Federico será casi un simple testigo de la charla.

 

El primer encuentro, en rigor, fue para celebrar los 27 años del hijo en común. “Volvimos a estar juntos por Fede. Es quien nos unió”, arranca Carmen. “Modestamente, pienso que yo tuve la iniciativa de reunirnos. Y nos gustó la idea”, secunda Santiago. “Yo estaba triste, no quería festejar”, redondea el participante del Bailando.
Santiago: Para mí, fue el momento más hermoso de nuestras vidas en los últimos años. Una noche llena de afecto, sin reproches.

Carmen: Volvimos a ser una familia. La separación fue muy traumática y me hago cargo de lo mío.
S: En los 25 años que vivimos juntos, Fede jamás escuchó una discusión.

 

–¿Nunca pelearon delante de él?
C: Ni detrás.

–¿Con qué sensación se fueron a dormir después de esa cena de reencuentro?
Federico: Sentí paz. Necesitaba la unión de mis viejos.
S: Felicidad. Me acosté y tardé dos horas en dormirme. Me quedé repasando esa noche, donde no hubo roces.
C: Para mí, fue misión cumplida. Una mujer despechada y herida es lo peor. Tengo un hijo hermoso, y eso de andar por la vida desunidos no podía seguir. Más que la separación de Santiago, lo que me dolía era la incomunicación. Se lo reproché hace poco por teléfono. Fede estaba pasando una situación muy difícil y sus padres no estábamos juntos. Pero no hablo de convivir. Eso no va a suceder jamás. La pareja se terminó, ya está.
F: Igual, los dos estuvieron muy presentes para mí. Es que son muy extremos. La última vez juntos fue cuando papá estaba en terapia intensiva y se moría.
C: Hasta le habían dado sus pertenencias a Fede. Yo fui una noche, a las tres. Santiago estaba en coma inducido. Y le dije: “Esta es la última pelea que te pido. Peleale a la muerte por tu hijo. Soy Carmen, y te perdoné al otro día que pasó todo”. Me fui pensando que se iba a morir. Resultó que al otro día le sacaron el respirador y acá está, jaja... Cuando hacía monólogos sobre él, yo decía: “¿Por qué no le habré pisado el tubito?”. Jaja.

–Vos, Santiago, dijiste cosas muy fuertes sobre la intimidad de Carmen. ¿Se puede hacer borrón y cuenta nueva después de eso?
S: No tengo nada que borrar. Hoy está todo maravillosamente bien. Tuvimos un disgusto, un impasse... Me siento joven, con muchas cosas que disfrutar. ¡Tengo nada más que 80 años!

–¿En cualquier momento te vemos en pareja?
S: No, de ninguna manera.
C: No estaría mal que tuvieras una compañera.

–¿Y vos, Carmen?
C: No... Me encantaría enamorarme, pero estoy grande.
S: Yo no soy celoso, y deseo que sea muy feliz.
C: Eso quiere decir que me dejó de amar hace mucho.
S: No, nunca te dejé de amar. Y cada vez que te mando un mail, te lo digo.

–¿Carmen es el gran amor de tu vida?
S: Sí, seguro.
C: Tuvo otros amores... No sé si seré yo.
S: Pero nunca viví 25 años con una mujer como con vos. Ni vi crecer a un hijo, como a Fede. Con mis otros dos hijos viví sólo dos años. Y como tuve problemas de salud, Carmen trabajaba y yo estaba en casa. Lo peinaba, lo llevaba al colegio. Era mi rol en la pareja, porque ella traía el mango.

–¿Y Santiago fue el gran amor tuyo, Carmen?
C: Fue el hombre de mi vida, pero no mi gran amor. No voy a decir quién, porque a Santiago le cae mal.
S: Yo lo sé. Fue el Gordo Porcel, esa basura de persona.
C: No digas eso... No empecemos a pelear. Tuve otras parejas, pero a vos te elegí como padre de mi hijo. “Vamos a tenerlo porque vos lo necesitás; yo ya tengo dos”, me dijo. Y vino Federico, que es mucho más Bal que Barbieri. Hicimos una mezcla bárbara.

–¿Cómo pensás que sigue la relación entre tus viejos, Fede?
F: No como un romance, está claro, sino como una relación de adultos. Cuando hay amor, el tiempo sana. Ellos se quisieron muchísimo.
C: Cuando hay amor, también se puede perdonar. “Perdón” es una palabra maravillosa. Santiago, en el momento, no me lo supo pedir. Lo hizo en público, y yo lo esperaba en la intimidad. Pero ya está.
F: A veces se hace lo que se puede.
S: En forma privada no lo hice, es cierto. Pero estoy aprendiendo.
C: ¡Por lo menos ahora decís la verdad! ¡Qué bueno! ¿Saben qué me va a decir? “¿Cuántas veces querés que te pida perdón?”. Ya está. Lo grave pasó. Hoy no me hace falta un pedido de perdón, ni perdonar yo. Mirá, cuando dejamos a Santiago en su casa esa noche, Fede me preguntó qué sentía. Le dije que su padre había arruinado todo. Yo construí una gran familia. Y de la noche a la mañana se destruyó. Hoy no lo digo con bronca ni resentimiento. Porque fue una gran historia.
F: Mamá es el modelo para buscar cuando pensás en alguien para casarte y tener hijos. Mirá cómo cuidó a papá durante las enfermedades, por ejemplo.

–¿Encontraste otro Santiago, Carmen?
C: Sí. Lo veo cariñoso con su hijo. Porque era muy frío, duro. Se crió así, con una madre buena pero distante.
S: En mi casa nunca me dijeron “te quiero”, ni recibí un beso de mi mamá. Sólo sentía sus labios en la frente cuando me tomaba la fiebre. Ahora aprendí. Mis mensajes a Fede terminan con un “te amo, hijo”.
C: ¡Tarde, Santiago!
S: Para mí no. Mientras viva, tendré tiempo para todo.

Por Hugo Martin. Fotos: Christian Beliera.

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