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Campeones de la Davis: “Este título es de todos los argentinos”

El team dirigido por Daniel Orsanic consiguió el premio mayor de tenis por equipos, convirtiéndonos en el primer país latinoamericano y decimoquinto del mundo que lo obtiene. Lo hizo en Croacia, venciendo 3-2 al local y rompiendo una sequía de cuatro finales malogradas. Las claves: unión, compañerismo y confianza en el otro. Juan Martín del Potro, líder del grupo, sintetizó el logro en una frase:

30/11/2016

Actualidad

Juan Martín del Potro: “Agradezco a los que no dejaron que me retirara

Mientras me miraba la cara en el espejo del vestuario del Arena Zagreb, vi de reflejo al entrenador, a los otros jugadores, al resto del equipo, que en lugar de lamentarse, acompañaban mi bronca con gestos de apoyo, de esperanza y sobre todo, con un compañerismo incondicional. Entonces volví a enfocarme en mis ojos, y me dije: ‘Empezá a pegarle fuerte de derecha, que te queda un set. Todavía no perdiste... ¡Todavía no perdimos!’”.

Y el tandilense empezó a pegarle y pegarle, y Marin Cilic, a cansarse y ponerse nervioso. Y el 6-7 (4-7) y 2-6, a mutar en un 7-5, luego en un 6-4 y finalmente en un 6-3. Y el 1-2 de Argentina contra Croacia, a emparejarse en un 2-2 que le permitiría a Delbonis pelear (y ganar) el quinto punto. Pero por sobre todo, aquel desafío, cara a cara consigo, le permitía a Juan Martín del Potro convertirse (y las futuras enciclopedias del deporte grande nacional sabrán reflejarlo) en el héroe de la primera Copa Davis obtenida por nuestro país en 116 años de competencia.

Esta no es otra historia de esfuerzo, coraje y lucha. Esta historia los excede, porque podría no haberse escrito, fruto de las tres operaciones a las que, de un tiempo a la fecha, el protagonista debió someterse en su muñeca izquierda.

“Cuando brindé el 31 de diciembre de 2015, sólo pedí poder jugar un poco más al tenis. Ni resultados ni títulos, nada: sólo jugar un poco más”, reconoce ahora, acariciando la mini ensaladera dorada que se les entrega individualmente a los campeones, en representación de la grande (la de 33 centímetros de alto por 44 de diámetro que, sumando sus tres bases, pesa 105 kilos, mide 1.10 metro y llegará al país en breve, para quedarse un año).

“Ella y yo recién nos estamos conociendo”, aclara. “Tengo dos de las finales anteriores (plateadas y cinco centímetros menores), pero ésta ahora es mi preferida”, acaricia a la flamante copita, y ríe. ¿Cómo no hacerlo? Si aquel anuncio del regreso al circuito, el 3 de febrero, luego de un par de temporadas prácticamente alejado como consecuencia de sus problemas en la mano, había llegado cargado de dudas y prevenciones. Aunque, claro, además secundado por el latir de un corazón especial, ese que le permitió ir subiendo la escalera –y el ranking– a fuerza de amor propio y resultados. “Agradezco a los que no dejaron que me retirara”, vuelve Delpo (28, del 23/9/1988, bonaerense de Tandil, hijo de Patricia y Daniel y hermano de Julieta y Guadalupe, fallecida) a las horas de plenitud que recorren su 1,98.

–¿Ya aterrizó?
–De a poco. Si ganar la Davis era algo impensado, imaginate la dificultad que significaba lograrlo compitiendo cada rueda de visitante: en Gdansk, Polonia; en Pésaro, Italia; en Glasgow, Escocia y ahora en Zagreb, Croacia. Te juro que con Guido (Pella), Fede (Delbonis) y Leo (Mayer) aún cruzamos nuestras miradas y nos tentamos, como no entendiendo lo que conseguimos. A medida que pase el tiempo iremos dándonos cuenta.

–Denos su impresión de por qué en la final de la Davis 2016 fue un “sí” lo que había sido un “no” en las ediciones de 1981, 2006, 2008 y 2011. En síntesis, ¿por qué antes perdimos y el fin de semana ganamos?
–Puedo hablarte de las últimas tres en las que participé. Y siento que ahora Daniel (Orsanic) fue el artífice de un equipo donde no sólo importaba el resultado: también la manera de obtenerlo. Llegamos a la final muy tranquilos, y fundamentalmente confiados en nuestra fuerza de grupo.

–Desde su retorno a la fecha no sólo saltó de la posición 1.042 a la 38 y ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, sino que recibió el premio de la Asociación de Tenistas Profesionales por el Regreso del Año, aparte de vencer a varios de los mejores, como Novak Djokovic, Andy Murray, Rafael Nadal, Stan Wawrinka... ¿Esperaba tanto de una temporada que arrancó cargada de interrogantes?
–Igual, te aclaro, el triunfo frente a Cilic fue más importante que los que me nombraste, porque ayudó a conseguir la ensaladera. De ninguna manera esperaba tanto. Mi muñeca no está al cien por ciento, y todavía no tengo entrenador ni preparador físico.

–¿Entonces?
–Pero sí tengo compañeros que sacaron lo mejor de mí. Al mismo tiempo que una tribuna única. Cuando volvía para el tercer set frente a Cilic, la energía del público me impactó. Es la misma que recibo en mi país cuando la gente, los chicos, me ven y alientan. Me resulta difícil de describir la garra que trasmiten. Así que, te soy sincero, yo siento que este título es de todos los argentinos. Porque nos dieron fuerzas desde las gradas y desde sus casas.

–Si le propusieran volver el tiempo atrás, asegurándole semejante final de año soñado, ¿usted...?
–Si mi vida fuera una película, y para lograr un final así debiera pasar por todo lo que pasé, no dudaría en meterme otras tres veces en el quirófano. Lo que experimentamos no nos va a dejar dormir por mucho tiempo.

Por Leonardo Ibáñez. Fotos: Maximiliano Vernazza, Fabián Uset, Fabián Mattiazzi, Sergio Llamera (AAT), AFP y gentileza diarios La Nueva Provincia (de Bahía Blanca) y El Litoral (de Corrientes).

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