Florencia de la Ve

“A algunas famosas se les nota mucho el canje”

Su humor ácido la convirtió en la artista más convocante de la revista porteña. Su gusto exquisito para vestirse, en una de las divas más glamorosas. Hoy une su ironía y su glam para transformarse en crítica de moda. Y señala a las mejor y peor vestidas de nuestras celebrities. “Jésica Cirio se viste con la luz apagada, Valeria Lynch no encuentra el look y Luisa Kuliok se quedó en el almanaque de los ochenta”, sentencia. También pone bajo su lupa al mundo del espectáculo. ¡No se salva nadie!

12/05/2009

Actualidad

Si Ana Wintour, la célebre y –según el mito– cruel editora de la revista Vogue, escuchara o leyera la crítica de la moda que lucen nuestras celebrities que realiza Flor de la V –unas veces aguda, otras mordaz y, por qué no, con un poco de saña–, seguramente evaluaría ofrecerle un contrato para contar con su filosa pluma en la prestigiosa revista del mundo fashion.

Flor, sabemos, evita transitar el camino de los escándalos mediáticos, pero a la hora de definir a las mejor y peor vestidas de nuestras red carpets queda claro que su pólvora no está mojada. La figura de revista más convocante de la calle Corrientes (mata en La fiesta está en el Tabarís) conserva varios proyectiles en su cartuchera –o en su cartera Louis Vuitton– y hoy se anima a dispararlos contra divas, estrellas y estrellitas fugaces.

No se salva nadie...
Empecemos por el look de las famosas de tevé: “¡A algunas argentinas se les nota mucho el canje! Son muy berretas, de cabotaje, de vuelo rasante”. ¿Qué opina de la generación Big Brother? “Por dos minutos de fama generan cualquier escándalo; ése es su negocio. Pero no tienen nada que ofrecerle al público…”. ¿Y cómo definiría a las jóvenes que hoy llegan demasiado rápido a ser famosas? “La palabra que define a algunas es ‘haragana’. Creen que con un par de lolas y una linda cara pueden subirse a un escenario… ¡y encima quieren encabezar el elenco!”.

Ahora, Florencia aparece enfundada en un vestido oscuro con una cola de tul by Jorge Ibáñez y un sombrero de Laura Noetinger. Se apoya sobre un sillón de la suite presidencial de la Mansión del Four Seasons. Posa cerca del balcón que da a la pileta del hotel high class, el mismo que alguna vez pisaron Mick Jagger, Madonna o el líder de U2, Bono Vox.

Flor parece ser palabra autorizada para criticar la moda. En su vestidor cuenta con decenas de carteras Louis Vuitton, Dior, Prada y Marc Jacobs. Sus marcas favoritas de zapatos son Chanel, Manolo Blahnik, Dior y Prada. Allí también conserva el vestido que le creó Jorge Ibáñez –su diseñador preferido– para su casamiento con Pablo Goycochea. Un detalle de buen gusto: Florencia tiene su vestidor repleto de creaciones de los grandes de la moda nacional y mundial. Cada vez que viaja se trae el modelo ideal para cada red carpet que pise durante los siguientes meses. Digamos, nada de canje. Arrancamos.

–¿Cómo ves a las actrices jóvenes?
–La nueva generación cree que si estás elegante sos frívola. Para parecer serias se visten como reas. Usan el jean más roto y las zapatillas más sucias que tienen. ¡Como si eso te garantizara entrar al San Martín y que te cataloguen de actriz de carácter! Se hacen las progres y están llenas de clichés.

–¿Quiénes son las y los peor vestidos de la farándula?
–La peor es Luisa Kuliok: su look se quedó en el almanaque de los ochenta. Nunca se sacó el traje de La extraña dama. En el ránking de looks estáticos siguen los Pimpinela: Lucía Galán es tremenda, y Joaquín no cambió ni un poquito en los últimos veinte años. Carlín Calvo tampoco se aggiornó nunca. Y Valeria Lynch es nuestra Barbra Streisand: hizo El beso de la mujer araña y fue premiada en todo el mundo, pero nunca encontró el look que la deje divina. ¡El colorado en el pelo era fatal! Yo decía: “Valeria, ¡por favor! ¿No tenés amigas?”.

–¿Alguna de las jóvenes?
–Jésica Cirio. ¡Esa chica se viste con la luz apagada! Parece que nunca pasó por una vidriera de Chanel o Prada. Y eso que no para de viajar. Si hasta avión propio tiene...

–¿Adónde ubicás a la chica voluptuosa que abusa del escote?
–Y… son impresentables, tienen mal gusto. A veces las veo y sufro. Muchas tienen unos cuerpos maravillosos y cualquier prenda les quedaría bien. Pero se ponen vestidos que no las favorecen, ¡con unos escotes hasta la rodilla! Quieren mostrar todo en una fiesta. Si yo, que no tengo 90-60-90, quedo divina, cualquiera puede estar espléndida.

–Son las mismas a las que les gusta mostrar los costosos vestidos que trajeron del exterior…
–(Interrumpe) …El vestido, la remera, el cinto y las alhajas con la marca puesta como si fuera un farol. Son borders, porque el precio de la prenda no va de la mano con el buen gusto. Les encanta mostrar y demostrar que tienen un Armani o un Versace, todo en letras gigantes… ¡y doradas!

–Decís que a las argentinas se les nota el canje. ¿Quiénes son las reinas y los reyes en ese rubro?
–Alfano es un chivo andante. En lo de Mirtha decía “saludos al cerro de Bariloche, los zapatos son de tal, el pelo me lo hizo fulano...”. ¡Pará un poco, por favor! Y cuando estaba con Matías Alé era peor: ¡eran un chivo duplicado! Lo triste es que no tienen necesidad.

–¿Alguno más?
–Florencia Peña es otra abonada al garroneo. Nuestra farándula sólo piensa en la plata. Son capaces de interrumpir un almuerzo del domingo al mediodía para llevar a los chicos al desfile de una marca de ropa infantil… Y todo por un pantaloncito o una remerita de regalo.

–No tenemos celebrities que inviertan en su look, según parece…
–Para nada. Los famosos son muy lauchas: no quieren pagar nada. No les gusta largar la billetera. Quieren que les regalen zapatos y les vistan a los hijos. Cuando van a un restaurante y el mozo les trae la cuenta, le dicen: “¿Vos sabés quién soy yo?”. ¡Es muy grasa!

–Pasemos a lo artístico. ¿Sentís que hoy cualquiera sube a un escenario?
–El Gran Hermano facilitó que cualquiera aparezca en un espectáculo. Muchos se creen que subir a un escenario es soplar y hacer botellas. “Somos actores”, dicen, pero nunca estudiaron en su vida. Eso no te convierte en actor, pero sorteás varios escalones.

–¿Te animás a dar el ejemplo del actor vago o haragán del que me hablaste al principio?
–Un ejemplo claro es Silvina Luna: ¡es vaga! Nunca quiso perfeccionarse, y se le nota. Por eso no transmite nada. Lo noté cuando trabajamos juntas. Yo, con su cuerpo, sus ojos y su cara hubiese llegado a Hollywood. ¡Chicas: ser linda no es una virtud!

–¿Te divierte la guerra de las vedettes que se arrancan las plumas?
–No creo nada de lo que pasa. Es todo armado. No les queda otra que hacer quilombo. Si no, nadie las mira. También tenés a algunas primeras figuras a las que les gusta pelear.

–¿Es el caso de Carmen Barbieri, que parece no alcanzar la paz para gozar de su éxito?
–Diste en la tecla. Carmen nunca va a tener paz, porque ella se siente cómoda en el conflicto. No padece la pelea: se siente fuerte agraviando y recibiendo. En el almuerzo con Mirtha le decía cosas terribles en la cara a Moria. Es una situación que desgasta a cualquiera, pero se notaba que ella lo disfrutaba.

–¿Dónde están las figuras más convocantes: en la televisión o en la calle Corrientes?
–Poné a los galancitos y a las heroínas de la tele en el teatro y decime cuántas entradas venden. En el teatro está la verdad de la milanesa. Cuando los vayan a ver a la calle Corrientes, hablamos.

–Y yo que pensaba que a partir de tu casamiento ibas a estar más tranquila…
–Es así. Fijate que hace años que no tengo un enfrentamiento con nadie. La terapia me ayudó a conocerme más. Después de peleas o de vivir situaciones que me hicieron un clic en la cabeza fui buscando un equilibrio, queriendo evolucionar no sólo como artista sino como persona. No es que la paz vino únicamente con el casamiento. Tiene que ver con una búsqueda que ya lleva un largo camino recorrido. Eso sí: a veces se me suelta la lengua…

Por Julián Zocchi. Fotos: Christian Beliera.

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